La evidencia científica ya ha demostrado que la exposición temprana de los menores a pantallas tiene consecuencias en su desarrollo neurológico. Conscientes de ello, escuelas y padres de toda España tratan de limitar las horas que pasan los niños frente a ordenadores, móviles o tabletas. Pero hay un flanco de esta lucha contra la digitalización de la vida que suele quedar descubierto: el de los padres. Y los datos dicen que no se debería descuidar. Un estudio recientemente publicado en la revista Frontiers in Psychology revela que los adolescentes cuyos padres suelen distraerse a menudo con sus móviles son más propensos a mostrar conductas inseguras, lo cual puede tener consecuencias negativas en su bienestar futuro.
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